Los dos papas
Escrito por: Diego Alberto Carrillo
Si existe algo históricamente polémico y que tiene un sin fin de tópicos sobre los cuales conversar, criticar y debatir, es el mismísimo Vaticano. ¿Por qué no habría de ser así para una de las instituciones más antiguas de la civilización humana? La Iglesia Católica, el Cristianismo, la religión conquistadora y colonizadora son algunos de entre otros títulos que se relacionan con lo que desde siglos anteriores al nuestro sucede en el epicentro de lo que en su momento fue el Imperio Romano.
"¿Y por qué no hacer una película sobre el Papa -en este caso dos-, el representante directo de San Pedro y de Dios?", tal vez se preguntó Netflix a la hora de producir uno de sus enésimos largometrajes en producción. Lo que sí es un hecho, es que no pudo haberse dado a la luz algo tan falso como lo es esta película protagonizada por una leyenda viviente y el reciente nominado a mejor actor en los premios Oscar para este 2020 por esta entrega: Anthony Hopkins y Jonathan Pryce.
¿Por qué hago mención de tal falsedad brutal? Insisto en que estamos hablando sobre el Vaticano: institución que no sólo posee un "sótano" donde están resguardados libros y documentos desconocidos que ni la más completa biblioteca actual tiene ni tendrá; entre otra serie de objetos que sólo nuestra imaginación nos puede dar idea de ellos. Tampoco olvidemos de que se está hablando de aquella religión que tuvo el poder político en Europa hasta donde los libros de historia nos lo permiten saber. Mucho menos dejemos a un lado que justo por sus ideales se han llevado a cabo genocidios enteros como los suscitados en América o en tiempos de las Cruzadas. ¡Estamos hablando de la mismísima Iglesia progenitora de pederastas!
¿Cómo dar a entender que no puede ser tan fácil el aceptar el relato mostrado en este filme? Dos posturas pobre y sosamente mostradas: la conservadora por parte de Ratzinger y la liberal y humilde del obizpo argentino. Si algo se mantuvo en secreto hasta esta película, es decir, desde siempre, es el proceso bajo el cual es elegido un Papa, ¿y ahora ya se dio a conocer a todo el mundo? Lo realmente controversial en la película es aquel momento de confesiones entre los dos, pero sobre todo aquella parte donde Benedicto XVI le dice algo que sólo el gesto de Pryce en su interpretación nos da a entender el tamaño de la verdad que acababa de escuchar. No cabe duda que el tema era lo referente a Marcial Maciel, no pudo haber sido otra cosa. Y ahora, vuelvo a repetir la cuestión ¿en serio es de creerse tal historia?
No cabe duda que se supo escoger a los actores ideales para interpretar y darle vida a semejantes referentes. Inmediatamente se asuma quién es quién. ¿Sentimentalismo? No podía faltar con la supuesta razón bajo la cual Francisco I decide ser en sus inicios sacerdote y aquel dramatismo en tiempos de la dictadura argentina. ¿Atractivo? Creo que lo intentaron cuando explican cómo sale el humo negro o blanco en tiempos de elección papal. En fin, desconozco los fines publicitarios de esta película. La más obvia, quizás es la de dar una imagen relajada, íntima y "humana" sobre un mundo que no deja de estar exento de errores; sobre un mundo que busca mantenerse presente en tiempos de un Dios muerto.
Ojo, el señalamiento es hacia la institución no a la doctrina. Esta última es agua de otro río. Como conclusión, pregunto esto último: ¿qué llevarse de esta película? ¿Grandes actuaciones? ¿Un vistazo al comedor del Papa? ¿una descarada perspectiva tibia y superficial? Es claro que no sucedería lo contrario. ¿Cuándo fue la última vez que el Vaticano dejó de censurar algo porque no le parece? Aquí en este escrito por lo menos se intenta remarcar una postura crítica bajo lo representado por Netflix en su película. Se compra la producción y las actuaciones, pero no las temáticas y el trasfondo.

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