Böll: La literatura de los escombros

Escrito por: Trisstisimus Hominum.
Octavio Paz refirió alguna vez que la Segunda Guerra Mundial, si bien no había acabado con el mundo, no obstante acabó con la idea del mundo. Este es el contexto en el que se desarrolla Opiniones de un payaso; en los escombros de un país derrotado y sin identidad. La narrativa del nacional-socialismo ganó adeptos rápidamente en un país hundido en la depresión y en las deudas engendradas por el Tratado de Versalles. Hambrientos de un líder que impusiera la supremacía del pueblo germano, Alemania se dejó seducir por una propuesta que si bien, era una regresión al sentimiento nacionalista que antes ya había germinado en la obra de Fichte, también fue una disrupción con el discurso político de la época.
Obviando lo que sucedió después, Heinrich Böll, nacido en 1917, estuvo ahí para presenciar el auge y posterior decadencia del nazismo. Opiniones de un payaso, publicada en el año 1962, narra el testimonio de la juventud de aquella época. En un primer momento, entusiasmada por tener una causa por lo que luchar y después, cuando dicha causa fue vencida, el vacío de identidad sumado a la humillación de haber perdido la guerra.
Esta falta de identidad es suplida por otras narrativas. En la obra de Böll, la juventud desencantada del nazismo, se ve obligada a llenar ese vacío con otros dogmas. En este caso el dogma religioso. Böll, católico confeso, no es, sin embargo, un fanático como lo son los personajes de su novela. Esta suerte de laicismo intelectual se refleja en su protagonista:
"Soy un payaso, de profesión designada oficialmente como "cómico", no afiliado a ninguna Iglesia, de veintisiete años de edad, y uno de mis números se titula: la partida y la llegada, una larga (casi demasiado) pantomima, en la cual el espectador acaba confundiendo la llegada con la partida."
Porque opiniones de un payaso inicia con una llegada, la del protagonista, Hans Schnier, a su pueblo natal y conforme avanza la novela, nos enteramos de muchas partidas. Una de ellas -acaso la más importante- es la de Marie. La ex pareja del protagonista, una chica católica que lo abandona por no aceptar casarse por la iglesia y que de este modo sus hijos reciban una educación dentro del núcleo católico:
"Los aplausos fueron tan tenues que oí el sonido de mi decadencia".
Ya que no era solo el sonido de la decadencia de Hans Schnier, sino la decadencia de toda una generación.
Hans, criado en una familia de clase acomodada, decide exiliarse de su entorno y renuncia a su círculo burgués y religioso para convertirse en payaso. La ironía, es tal vez, que precisamente el payaso sea el más triste y serio de los personajes en la novela:
"Ciertamente saben todos que un payaso debe ser melancólico, para ser un buen payaso..."
A lo largo de la novela, nos enteramos de la vida de Hans De su apatía por el nazismo y posteriormente por el catolicismo, el resentimiento a su madre, el lazo que mantenía con su difunta hermana, su romance con Marie, su súper poder para percibir los olores a través del teléfono, etc. Porque la mayoría de los diálogos se realizan vía telefónica y Hans, para seguir su autoexilio, evita enfrentarse directamente con su pasado De ahí que el teléfono sea su escudo. Aunque al final, Hans se da cuenta que su escudo es frágil, pues este no lo resguarda de tener, por primera vez, una charla de hombre a hombre con su padre:
"Te parecerá estúpido seguramente", dijo, "si te hablo con solemnidad, pero, ¿Sabes qué es lo que te falta? Te falta lo que hace hombre a un hombre: saber resignarse".
Y justo cuando el lector cree que el telón bajará a el escenario, Hans nos sorprende con un último acto.
En resumen, Böll narra la hipocresía que pasó de la creencia de superioridad racial a la no menos terrible creencia de superioridad moral.
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