El lugar donde todo termina




Escrito por: Diego Alberto Carrillo



¿Infancia es destino? ¿La justicia no tiene cabida en un entorno corrupto? ¿Qué diferencia hacen nuestras acciones basadas en decisiones propias? Estas y otra serie de preguntas son las que seguramente uno puede llevarse tras ver El lugar donde todo termina de Derek Cianfrance.

Esta película nos muestra una historia no tan sencilla de digerir, pero tampoco ronda en lo complicado pese al drama narrado en los 140 minutos de su duración. La primera vez que me senté a verla, desafortunadamente me quedé dormido a los primeros 15 minutos pero no porque sea mala, sino porque aquella ocasión cargaba conmigo una fatiga física la cual no esperó más tiempo en ser compensada con descanso. Me desperté justo cuando terminó y mi hermana -quien me hizo compañía para ver la película- me comentó que le gustó bastante, y fue justo ese comentario el que me hizo quedarme con la chispa necesaria para darle una nueva oportunidad y apreciarla con atención. Valió la pena. No esperaba ver tal asunto.

Aclaro que no es nada espectacular ni pirotécnico, pero para quien busca ver un drama en el concreto sentido de la palabra, es lo que va a encontrar. La historia comienza y se centra en un sujeto que a leguas podemos notar que no es alguien con tendencias trascendentales e inspiradoras. Es más bien casi el típico individuo que se gana la vida con las escasas habilidades empíricas que posee en un entorno apenas masivo. La primer pieza que comenzará a rodar la trama es cuando se aparece una vieja aventura de él con razones nada claras por parte de ella. Es justo a partir de este encuentro donde por un tercero se entera de algo que no pudo decirle el día anterior: es padre y el niño lleva ya un año de nacido.

El tambaleo, el desconcierto, la confusión y más le sobrevienen ante semejante noticia y pese a las excesivas limitaciones económicas, se ve impulsado y decidido a hacerse responsable del niño. Logra encontrar otro trabajo que le permitirá ganar un sueldo mínimo y con eso va con la mujer a pedirle que le deje ser parte de la vida de ambos. Dentro de la desesperación y el deseo de realmente hacer algo pese a la negativa que recibió, obtiene una oferta la cual explotando su más grande habilidad le generará dinero en un tiempo menor. Tras conseguir una primera suma, acude al domicilio donde viven su hijo y la madre. Sin embargo, le espera otra sorpresa que le complica más la situación. Quien le buscó aquella noche antes de saber que era padre ya tenía pareja y prácticamente ya se estaba haciendo cargo de ambos.

Es en una escena donde por sus "buenas intenciones" pero nada calculadas genera un problema que ya no podrá resolver y del cuál no podrá escapar. Sobre la marcha, ya en pleno clímax de este problema -que conforma la primera parte de la película- es como se topa con un oficial de policía el cual le termina persiguiendo y matando en una circunstancia "rápida" y trágica. Aquí las riendas protagónicas las comenzará a llevar el mismo policía que dada su personalidad y digamos, su "naturaleza ética", se ve envuelto en dilemas nada ajenos para quien sea.

La quizá hazaña lograda por el oficial le orilla a ser exaltado a la categoría heroica por su comunidad y su institución, con todo y los agravios suscitados anteriormente para su persona que lo llevaron al hospital. Aquí sale a relucir un asunto que el director logra difuminar en la trama para evitar caer en la típica escala de blanco y negro, bien y mal, etc.; la corrupción en el sistema judicial. Imagínense a otro individuo inmerso en la eterna duda del "¿qué debo hacer?" y cuando más lo tiene claro, más se decepciona y sorprende por lo que encuentra al acudir con quien consideraba podía generar repercusiones claras y serias. ¿Qué decide hacer? Lo que probablemente las circunstancias no le brindaron más opción.

Más de diez años más tarde, nos volvemos a encontrar con el oficial de policía, que ahora es fiscal de distrito en busca de ganar una candidatura importante. La atención ahora nos la centra la película en dos jóvenes sujetos. Uno es hijo del fiscal y el otro es del asesinado por el aquel entonces policía. El punto de encuentro de estos dos es la escuela pública a la que asisten. Si se preguntan qué hace un adolescente con los recursos suficientes para asistir a una escuela privada en una pública, pues son sus "travesuras" las que le orillan a que su padre tome medidas más estrictas para controlarlo. Pero falta un detalle clave en esta tercera y última parte de la película: el otro chico no sabe quién es su padre.

A modo de invitación a que se acerquen a ver esta película y evitar de mi parte el contarles cómo acaba esta historia, iré concluyendo con otras interrogantes que complementarían a las que están al inicio de este escrito: ¿qué nos define?, ¿nuestro entorno familiar?, ¿nuestro entorno social?, ¿nuestras decisiones o preguntas tan profundas que no sabemos que nos las hemos hecho desde hace tiempo, que están esperando a ser respondidas y que serán resueltas de modos muchas veces nada gratos para nosotros?

The place beyond the pines -en su título original- se estrenó en 2012 y fue distribuida por Focus Features. Fue dirigida y escrita por Derek Cianfrance, director a cargo de otra gran cinta conocida: Blue Valentine. En el guión también estuvo a cargo de Ben Coccio. La fotografía fue dirigida por Sean Bobbit, quien llegó a estar a cargo de esta misma área en películas como Hambre (2008), Shame (2011) y 12 años de esclavitud (2013). De la banda sonora se encargó Mike Patton. Y el elenco estuvo conformado por: Ryan Gosling, Bradley Cooper, Eva Mendes, Rose Byrne, Ray Liotta, Dane DeHaan, Emory Cohen, Mahershala Ali y Ben Mandelsonh.



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