Sabato: Anatomía de la melancolía

Escrito por: Tristissimus Hominum
"... pretenden que la locura no es
sino la melancolía
considerada en sentido amplio".
sino la melancolía
considerada en sentido amplio".
-Robert Burton-
Poe no erraba al definir la locura como un estado que agudiza los sentidos. Chesterton después añadiría a la definición de Poe, que la locura no era la falta de razonamiento lógico, sino un exceso desmedido del mismo. Antes de Sabato ya se había tocado el tema de los celos en la literatura. Tolstoi lo analizó desde el punto de vista moral en su libro La sonata a Kreutzer. Marcel Proust, fiel a su costumbre de esteta, dedica el capítulo "Un amor de Swann" del primer tomo de En busca del tiempo perdido a este mismo tema. Pero ambos autores retoman el tópico desde un punto emocional. Sabato decide abordarlo desde el punto de vista racional.
En 1948 Argentina estaba pasando por un período de transición. A inicios del siglo XX, era señalada por la comunidad internacional como un ejemplo a seguir en cuanto a democracia en los países de América Latina. Incluso llegó a ostentarse como uno de los países más ricos del mundo. Vargas Llosa explicando la pregunta fundamental de Conversación en La Catedral, admite que un país no se arruina de un día para otro. En el caso de Argentina sucedió lo mismo. Si se tuviera que marcar un punto de inflexión, este sería el año de 1930, cuando Hipólito Yrigoyen quien además fuera el primer presidente de dicho país elegido por la vía democrática, es derrocado por las fuerzas de Uriburu. La trascendencia de este hecho es que casi el resto del siglo. Argentina estaría inmersa en una gran inestabilidad política donde la mayoría de los gobiernos serían relevados ya no por las urnas, sino mediante golpes de Estado.
A este hecho sucedería la llamada década infame, una época caracterizada por el gobierno de una junta militar, represión y en general un sistema tendiente a la oligarquía. Eso hasta el año de 1943, donde otro golpe de Estado deponía al presidente en turno. Esta vez quien llegaba al poder es una de las figuras más ambivalentes en la historia de Argentina: Juan Domingo Perón. En este contexto se desarrolla El túnel, de Ernesto Sabato.
Cabe admitir que el personaje principal, Juan Pablo Castel, es un hombre ajeno al momento. Al leer El túnel pareciese que su contexto histórico no juega ningún papel. Es una obra que pudiese estar ambientada en cualquier época y no variaría mucho el argumento. Acaso sea un recurso de Sabato para retratar el ensimismamiento, la huida dentro de sí de sus personajes:
"Existió una persona que podría entenderme. Pero fue, precisamente, la persona que maté."
Juan Pablo Castel, asesino confeso desde las primeras líneas del libro, pasa a narrarnos los hechos que derivaron en el asesinato de María Iribarne. Castel, artista de oficio, asiste a una exposición, que es el lugar donde por primera vez repara en María y lo hace por ver a esta tan ensimismada en un detalle de su obra que para los demás pasa desapercibido.
Vladimir Nabokov, refiere que el verdadero artista es aquel que jamás da nada por sabido. Castel tampoco lo hace, por ello que otra persona se percatara de tan nimio detalle. Esto lo hace obsesionarse.
Castel rompe con el arquetipo del artista. No es la persona optimista y creativa de los clichés. Su método es crear no por el mito de la inspiración, sino de un modo menos espontaneo y más metódico;es un artista de la razón. Tiende a calcular hasta los detalles más nimios. A veces, rozando en la obsesión:
"En todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en el que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida."
Oscar Wilde decía que cuando un loco empieza a parecer sensato, es hora de ponerle la camisa de fuerza. En este caso, tendría que ser un factor externo a la obra quien advierta la locura de Castel, pues la forma como Sabato lo narra, nos hace ver a un tipo que rebusca hasta la obsesión los hechos.
Porque la obra no puede reducirse al romance y posterior desencanto de un enajenado. Es un descenso al infierno de la soledad. El autor destroza el arquetipo del amor romántico. Lo rebaja a una mera idealización: a los delirios y complejos de un artista solo. Es un intento de amueblar la soledad con personas.
"...por un instante su mirada se ablandó y pareció ofrecerme un puente; pero sentí que era un puente transitorio y frágil colgado sobre un abismo."
Pero la persona que Castel elige para amueblar su soledad, dista mucho del ideal que se había creado. En este punto Sabato es contundente: Castel revela sus sospechas que al inicio parecen infundadas, pero luego al exponer sus argumentos no cabe más que rectificar la tesis de Poe: la locura llega a tal punto de agudizar los sentidos, que en cualquier otro contexto, las palabras y razonamientos de Castel podrían pasar por los de un genio:
"Generalmente, esa sensación de estar solo en el mundo aparece mezclada a un orgulloso sentimiento de superioridad: desprecio a los hombres, los veo sucios, feos, incapaces, ávidos, groseros, mezquinos; mi soledad no me asusta, es casi olímpica."
Fundadas o no sus sospechas, Castel decide matar a Iribarne. Sabato se apega a la tesis de Nabokov al no dar nada por sabido, deja claro que el móvil más obvio -los celos-, es insuficiente para explicar este crimen. Castel no mató a María por celos: lo hizo porque lo dejó solo. El artista reconoce su acto y varias veces lo lamenta, pero siempre lo ve como un hecho ineluctable, necesario. La otra mitad solo existe en el mito de los andróginos.
En resumen, Sabato nos hace ver que lo que se conoce como amor es un eufemismo para locura.
Comentarios
Publicar un comentario