En la isla de los hombres azules




Escrito por: Rubén Gómez



Robert William Sneddon es uno de esos escritores apenas conocidos que, a pesar de haber escrito una cantidad considerable de relatos, obras de teatro y cuentos parece estar recubierto por una pátina que no le permite emitir plenamente su brillo. Sneddon nació en Beirth, Escocia en 1880. Su obra En la isla de los hombres azules está ambientada en una atmósfera soberbia; una remota isla del archipiélago de las Hébridas en los mares del norte de Escocia, uno de esos sitios en los que la monotonía grisácea del cielo impide distinguir las horas matinales de las vespertinas.

En un sitio tan recóndito como ese tiene lugar la historia de una pareja de amantes y exploradores que decide prolongar su estancia más allá del verano que originalmente habían planificado. Entre los motivos más llamativos que los incentivaban a quedarse estaba la posibilidad de explorar una de las islas que albergaba un icónico faro. Para tal fin, ambos debían internarse aún más en el archipiélago, poco más de veinte millas marinas. 

La breve travesía ve coronados sus esfuerzos cuando en el embarcadero que estaba a los pies del faro, la pareja es recibida afablemente por tres custodios del faro, excepto por uno de aquellos marineros que -apelando a las incontables supersticiones que se contaban de taberna en taberna-, vaticinaba una desgracia inherente a la compañía de una mujer en aquella isla. 

El resto de los hórridos acontecimientos narrados por el protagonista del relato, no hacen sino abonar favorablemente a las supersticiones y reservas de los marineros hacia las mujeres, ya fuera en una isla o en una embarcación. Y no es para menos, nadie que fuera testigo de cómo unos seres emergidos de la profundidad del océano raptan frente a sus ojos a su amada para cualesquiera que fueran sus infames fines, puede contrariar esos rumores de taberna, menos aún debe ser censurado por la falta de pericia o pulcritud en su relato. 

Por la naturaleza con que se describen esos eventos, no resulta descabellado, por una parte, adjetivar esta narrativa como lovecraftniana; y por otra, encontrarle semejanzas muy razonables con La sombra sobre Innsmouth. Una muestra de que, la lejanía geográfica no es un impedimento para la cercanía cronológica y/o temática entre textos y autores. 


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