La pequeña ciudad donde se detuvo el tiempo, de Bohumil Hrabal



Escrito por: Diego Alberto Carrillo



La lectura de este libro es un claro ejemplo de las preferencias que he permitido que se mantengan y se prioricen por sobre del resto. La peculiar ruptura e irrupción que hacen autores provenientes de lugares para nada latentes o llamativos, en términos turísticos -como lo son Paris, Tokio y el resto de capitales mundiales que millones desean visitar año con año, capitales que acaparan la atención por encima de un sin fin de sitios merecedores de ser descubiertos- ha generado el encanto suficiente para dejar de lado todas esas historias que sólo son escritas con fines mercantiles y a las clásicas que si bien llevan siglos vigentes y permanentes, sin duda seguirán ahí; no hay prisa de leerlos aún cuando digan que son imprescindibles.

Pero, ¿qué es lo que sucede con aquel basto número de autores de excelsa calidad, que son opacados justo por estas "nuevas plumas marvillosas", por los clásicos y que sólo un puñado conoce? Está de más reiterar el fenómeno por el cuál unos autores son más leídos que otros. Lo que sí vale la pena resaltar es justo la manera en cómo aparecen historias y contextos inesperados, alimentando más la esencia del descubrir específico que aquí se gesta.

Para infortunio de quien me sugirió la lectura -alguien que con entusiasmó me acercó al autor y al libro que se comentará en esta ocasión-, debo admitir que no tuvo el efecto con el que estaba sugestionada la expectativa. No diré que es un libro mediano puesto que me di a la tarea de leer otras reseñas y en ellas destacan detalles que quizá sencillamente no pude apreciar y que hicieron que despreciase la adquisión del libro. Sin embargo, su lectura sembró dos semillas:

La primera se basa en otro alimento hacia un ejercicio propio en el que va de la mano con lo que inicié este escrio. Dentro de la obra particular de autores específicos, hay libros suyos que sobresalen y otros que pareciera que sólo sirven para decir que escribió equis cantidad de libros. En este vaivén de descubrimiento accidental de historias, también he permitido que un diminuto arroyo se abra paso y me permita beber de esos libros que no son los "mejores" del autor y así darnos una oportunidad entre ese libro y yo para conocernos. Ya habrá también tiempo -o quizás no- de leer esos que llaman sus "mejores" obras. Como es el caso de un par de libros de Bohumil Hrabal que tengo en la mira.

La segunda semilla consta en los elementos narrativos que sí dejaron huella en mi imaginario. El título del libro de Hrabal no es gratuito, porque ciertamente percibí que en aquel poblado de la antigua Checoslovaquia -hoy la República Checa-, aún cuando el dominio nazi, la liberación y posterior dominación soviética del sitio, se espíritu de la ciudad y sus habitantes se mantuvo endeble. Hrabal logra con sus descripciones y personajes transmitir esto. Pero se logra esto aún más y da un salto hacia una ventizca de originalidad y quizá aportación a la Literatura, con un personaje que pese a no ser el protagonista, se roba sin duda la atención y es inevitable no llevarse un agradable recuerdo de él -al menos por su personalidad, por mi parte-: el tío Pepin.

Cuando terminé el libro y me acerqué a quien me lo recomendó, le comenté en breves términos mi disgusto por su lectura. Intenté suavizar el comentario expresándole todavía de manera más breve lo que aquí les comparto. Solo terminó diciéndome: "...entonces ve y sigue con Ciudades de papel o qué se yo. A ver si eso te gusta". Y aunque después nos reímos, con esto únicamente no quiero dejar pasar la oportunidad de recomendarles la lecura de La pequeña ciudad donde se detuvo el tiempo de Bohumil Hrabal, por que mi caso con este libro es el claro ejemplo de que no a todos nos gusta o conmueve lo mismo, de la misma manera y en el mismo tiempo. Así que quizás ustedes se lleven una agradable sorpresa, o de menos, una amena lectura.





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