El faro (The Lighthouse)

 



Escrito por: Diego Alberto Carrillo




Es escaso el catálogo que poseo referente a que lo marítimo es lo protagónico en una historia. Marítimo o naval en el sentido en que mínimo hay una tripulación a la cual acompañar, un puerto para explorar, criaturas marinas teniendo diversas aventuras, etc. Probablemente tenga que ver con la circunstancia geográfica a la que pertenezco como lo es la Ciudad de México y no hay playas ni mares que me rodeen, a comparación de islas cargadas de leyendas como Inglaterra, Irlanda o las islas del Caribe. Su situación y cultura ha de partir justo de su geografía.

Dicho catálogo se versa en las siguiente películas: toda la saga de Piratas del Caribe, Simbad (las películas animadas), Buscando a Nemo y Buscando a Dory, Capitán de Mar y Guerra, Aquaman, En el Corazón del Mar (adaptación de la obra clásica 'Moby dick'), Planeta del Tesoro (película claramente de ciencia ficción donde en vez de naves espaciales como en Star Treck o Star Wars, literalmente son naves espaciales con velas tripuladas por marineros o piratas alienígenas), Las Crónicas de Narnia: la Travesía del Viajero del Alba, La Sirenita, Peter Pan y Hook.

Al ir redactando una por una, me percaté que es un catálogo bastamente básico porque creí que sólo eran tres las que terminaría por mencionar. La mayoría tienen como común denominador el que haya un barco tripulado por marineros o piratas y que emprenden sus respectivas historias. Que por cierto, existe un libro, el primero que leeré sobre esto que justo va del tema y que nuevamente me empieza a llamar y a encantar como canto de sirena: Cabo Trafalgar de Arturo Pérez-Reverte.

Mencionar los títulos anteriores son para situar la película que sirve de pretexto para escribir esta reseña, para procurar que sean un contraste para distinguirla de ellas, para hacer notar por qué no sólo rompe con el común denominador de mi catálogo, apelar al suyo -ya que probablemente han visto o leído otros títulos que no aparecen aquí- e intentar decir por qué pese a estrenarse en el 2019, nos remonta a un horizonte que nos incumbe y hasta trastorna a todos desde tiempos muy lejanos, pese a no pertenecer directamente a ese mundo.



El Faro (The Lighthouse), película escrita y dirigida por Robert Eggers; conocido por haber también escrito y dirigido La bruja (The Witch) en 2015 y protagonizada por Robert Pattinson y Willem Dafoe, es una historia que como su título dice, tratará sobre un faro, sobre lo que es vivir en uno, sobre el hacerse cargo de él y lo que conlleva la estancia en un lugar aislado como ese. Ya que a diferencia de otros faros alrededor del mundo donde se sitúan en costas peninsulares o continentales, este faro se encuentra en una isla.

El par de protagonistas simplemente son el vehículo para adentrarnos en ese remoto y aislado lugar, junto con todo lo que implica pertenecer a él. Aún cuando sea un sitio sólido y alejado de la navegación, más bien es todo lo contrario. Es parte sumamente importante en el mundo marítimo el que existan los faros, porque como bien saben, servían como guías a todas las flotas para saber que estaban cerca de sus destinos -y digo servían porque aunque sigan existiendo, son muy pocos los que hay y la tecnología satelital son los actuales faros marítimos-. Ya el sonido de las gaviotas y las olas es indicador de que nos encontraremos en un mundo totalmente distinto gracias a la película, en comparación de las grandes ciudades y sus respectivos sub-mundos, el campo y/o los pequeños poblados. Lo marítimo tiene su propio y auténtico halo misterioso.

La cosa no acaba aquí puesto que la finalidad de esta historia no es decirnos cómo es el mundo marítimo y por qué es distinto del de otros. Más bien, al ritmo del oleaje, nos arrastra hasta la particular fractura y locura que sólo Neptuno o Poseidón son capaces de provocar en el ser humano. 



¿Por qué hacerla en blanco y negro y en un plano muy poco habitual en la actualidad? Me atrevería a decir que justo los matices grises que permite ese formato no sólo brindan la estética adecuada para este tipo de trama como logró con maestría Alfred Hitchcock, sino que justamente dicho formato posee también su peculiar aura y misterio que la pantalla a color no logra proyectar cuando se busca recrear lo onírico y la locura -se dice que los sueños los tenemos justamente en blanco y negro-. Intentando además llevarnos a aquel tiempo donde no hay colores en la memoria y que se desdibujan los recuerdos confundiéndose en nuestros pensamientos a modo de pesadillas.

Que nadie le entendió y que existen cantidad de reseñas o videos intentando explicar lo que se ve en la historia, pues estaríamos reincidiendo en un vicio bastante impregnado hoy en día donde todo tiene que ser digerido y explicado. A esto pregunto y concluyo: si Poe -que por cierto, Robert Eggers se basó en el cuento homónimo de este autor en primera instancia- aún con su exquisita descripción del exceso de razocionio da a entender que la locura es impalpable con las palabras, ¿cómo esperar que en una película ese abismo del ser humano, que por esencia es absolutamente oscuro, sea claro y evidente?





Comentarios

Entradas populares