'La Policía de la Memoria' de Yōko Ogawa
Escrito por: Diego Alberto Carrillo
“Aunque mire las fotografías, ya no veo nada en ellas. No se me hace ningún nudo en la garganta ni siento ninguna emoción. En mis manos, no son más que pedazos de papel. El vacío del olvido se hace más grande y no hay quien pueda ponerle remedio a eso. Debe de resultarte difícil entenderlo...”
Bastante complicado ya resulta encontrar historias literarias de índole distópicas sin que nos remitan a las que ya son parte de nuestro "inconsciente colectivo" como lo son 1984 de George Orwell, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury y Un mundo feliz de Aldous Huxley. No dudo que existan más relatos pertenecientes a este gremio, pero no se puede negar que siempre se tienen como referencias a estas obras.
Por parte del séptimo arte, manteniendo la línea distópica, podemos encontrar historias como Akira (1988), Blade Runner (1982), Ghost in the Shell (1995), Matrix (1999), entre otras. Esta de más decir que en efecto cada una aborda uno o varios temas respectivamente, pero reiterando el punto, podríamos estar de acuerdo que son grandes pilares del género y así como sus hermanos literarios, siempre serán referencias y antecedentes fundamentales. Son paradigmas por sí mismos...
¿Dónde ubicar entonces al libro de Ogawa que aquí nos reúne? La Policía de la Memoria de Yoko Ogawa, trata sobre que en una sociedad donde habita una isla, todas las cosas empiezan a desaparecer sin explicación alguna. Desde seres vivos hasta objetos que nos son obvios y ordinarios para nosotros. Sin embargo, es más incisiva esta desaparición porque justo existe un órgano o aparato gubernamental que se encarga de que no exista rastro alguno de aquellos seres u objetos que ya desaparecieron previamente. Así que, por ejemplo, si en una mañana desaparecieran las laptops, la policía de la memoria se encargaría de hacer redadas e inspecciones para asegurarse de que nadie tenga en posesión ese objeto. Es innecesario mencionar qué sucedería si nos lo encontrasen.
Lo anterior es sólo un tercio de lo "peor" que sucede en esta ficción. Los habitantes con el pasar de los días realmente comienzan a olvidar qué fue lo que desapareció y si a principio costaba adecuarse a ese cambio, con el olvido ese esfuerzo de adaptación se desvanecía; este es el segundo tercio. Y el tercero consta en que entre los pobladores, existen algunos que tienen la capacidad de no olvidar tanto lo que ha sucedido como lo que ha ido desapareciendo. No es que sean grandes individuos capaces de recordar absolutamente todo, pero sí es clara la diferencia de esta capacidad en comparación de la mayoría de la población. Pero lo verdaderamente "peor" de este tercio, es que a estos individuos la policía de la memoria los está cazando, arrestando y desapareciendo porque son una amenaza al fenómeno que envuelve a toda la isla y de la que ellos son parte.
Hasta aquí detendré el posible frenetismo que la trama general por sí misma puede provocar y más si se le estaba contrastando o colocando a la altura de las historias que cité en un inicio. Hago esto justo para responder a la pregunta de dónde colocar a La Policía de la Memoria frente a las historias anteriormente citadas. Pues bien, su lugar no es junto a ellas, pero tampoco a lado de la posible pre-interpretación que se le puede atribuir de ser una novela que busca moralizar y valorizar sobre el valor de los recuerdos y de aquellos momentos que justo hacen que los almacenemos, los cuales nos van formando nuestra personalidad. Me atrevo a decir que no va para ninguno de estos dos caminos.
Existe una película que utilizaré de ejemplo para concluir con el camino que interpreto tras la lectura del libro de Ogawa. Perfect Sense (2011) trata sobre que en nuestra sociedad actual se propaga en todo el mundo un virus que hace que desaparezcan nuestros sentidos uno por uno. Pero en vez de que sea una película en la que un grupo, un par o un individuo atraviese una serie de obstaculos para descubrir el origen del virus y su posible cura, conforme se van perdiendo cada uno de los sentidos la película se enfoca de manera que sólo el cine puede hacerlo, sobre el sentido y el valor que estos tienen para nosotros y nuestras vidas, hasta que en el mismísimo final se vive el climax y no sabe uno cómo digerir lo que se acaba de ver.
La Policía de la Memoria, podría encaminarse hacia la esencia de Perfect Sense porque en ningún momento los protagonistas critican el sistema gubernamental, emprenden este clásico viaje aventurero o el libro nos explica la razón de la existencia de la policía de la memoria y de por qué desaparecen las cosas. Es complicado decir cuál fue estrictamente lo que buscaba Ogawa lograr con su libro y con nosotros. Y resulta complicado porque lo que si logra es conectar con la memoria personal de uno, pero no la mental. Sino la emocional, la del corazón. Hay una nota de pie de página del traductor que indica que el término en japonés para memoria, no sólo es para referirse a la memora intelectual, sino a la emocional.
Va ya casi una semana desde que concluí su lectura y si le atribuyo un gran logro es justo porque logra remover recuerdos muy profundos y vaya que recordé asuntos y cosas que no sabía que había olvidado.
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