Canción, de Eduardo Halfón
Escrito por: Diego Alberto Carrillo
Nunca había estado en Japón. Y nunca antes me habían solicitado ser un escritor libanés. Escritor judío, sí. Escritor guatemalteco, claro. Escritor latinoamericano, por supuesto. Escritor centroamericano, cada vez menos. Escritor estadounidense, cada vez más. Escritor español, cuando ha sido preferible viajar con ese pasaporte. Escritor polaco, en una ocasión, en una librería de Barcelona que insistía -insiste- en ubicar mis libros en la estantería de literatura polaca.. Escritor francés, desde que viví un tiempo en París y algunos aún suponen que sigo allá. Todos esos disfraces, los mantengo siempre a mano, bien planchados y colgados en el armario. Pero nunca me habían invitado a participar en algo como escritor libanés.
Escogí este fragmento, pese a encontrarse citado en innumerables reseñas y videoblogs, porque particularmente al releerlo -y no sólo una vez-, encuentro diversos mensajes que este autor y este libro en particular me siguen brindando tras haberlo descubierto hace casi un año.
Vayamos por partes. El libro versa sobre un escritor llamado Eduardo Halfon, mismo nombre del propio autor pero que sirve no como una proyección de sí mismo para aprovechar el contar su biografía a modo de literatura. Tampoco podríamos hablar de una especie de alter-ego puesto que la armonía con el que el personaje se desenvuelve con la trama y su discurso, no se percibe disruptiva o semejante. Más bien, este Halfon es un alguien que parece ser indudablemente inventado y en el que el mismo personaje por sí mismo se inspira de su creador para así caminar y contar su historia.
En lo personal, no he tenido oportunidad de acercarme a otros libros de Eduardo -aunque sí me amenazo con acercarme a otra obra de él-, pero se sabe que ninguno de sus libros se han escrito de manera aislada. Es decir, que no son novelas independientes en donde el autor ha decidido vislumbrarnos con su letrada habilidad. Concluir, por lo tanto, que entonces ha decidido pertenecer al gremio de escritores que se dedican a publicar sagas, sería erróneo puesto que las dimensiones de sus libros no son del tamaño de ladrillos o semi-bloques; característicos de dicho gremio.
¿Entonces qué está haciendo Halfon? Dicen aquellos que en contraste conmigo y que ya se han metido de lleno a la obra de él, es que está haciendo una obra original en la que a modo de destellos, en algún momento "leeremos una obra de mil páginas" donde en la posteridad, será de los pocos lingotes que el siglo XXI a nivel de narrativa nos heredará. ¿Es así? Otorgaría opiniones proporcionales hacia esta tendencia que comparten sus lectores y críticos.
Regresemos al fragmento con que inicié este texto. Tenemos con nosotros diez nacionalidades, si es que jugamos un poco al incluir lo de 'judío', 'latinoamericano' y 'centroamericano' como tales. El uso de estas y compaginarlas con el ejercicio de escribir y con esto de ser escritor, no es un mero juego de palabras. Japón es una, si no es que la nación con mayor nivel de lectura en su población -recién me enteré de ese rumor-. No es raro hoy por hoy re-conocer que un judío destaque en cualquier profesión, ejercicio u oficio (en este caso no sólo en el económico, y vaya que hay maravillosos escritores judíos). Por parte de Guatemala, se tiene al gran Miguel Ángel Asturias; alguien en la literatura con ele mayúscula.
Estados Unidos es sinónimo sí de grandes escritores, pero también de una corriente actual y predominante que muchas veces se confunde y "pelea" con esa literatura con ele mayúscula: los best-sellers. Quizá lo dice a modo de chiste cuando hace referencia a lo de escritor polaco, por que sí, Halfon tiene un peculiar y grato sentido del humor no sólo en este fragmento, sino en todo el libro (aunque ojo, el libro para nada es cómico, pero sí se sabe bien vinculado), pero quienes han tenido oportunidad de acercarse a lecturas provenientes de Europa del Este, saben que hay letras y voces que valen la pena. De lo francés ni digo nada porque es innecesario, y no por cuestiones negativas, sino porque todos sabemos al respecto sobre Francia cuando se trata de literatura.
Si mencioné a lo 'latinoamericano' o 'centroamericano' como nacionalidades, fue porque me parece que ahí Halfon hace un guiño a algo que no está inventando o semejante. Más bien es un guiño-referencia a esa perspectiva que se tiene de los que no son provenientes de esas regiones a aquellos que sí y que por practicidad, es preferible generalizarles con esos adjetivos porque aparentemente no hay diferencias entre un nicaragüense o un venezolano.
Y hasta aquí la ruptura del cascarón para hablar del trasfondo de lo comentado. El tema es el asunto de la identidad. Él es guatemalteco-judío, pero que lo invitan como escritor libanés y pese a reconocer su ascendencia de allá, a los dos Halfon les es desconcertante el cómo asumirse frente a un publico que todavía tiene una visión distinta del globo y que le ha encasillado como libanés pese a que con sus palabras dice que jamás vivió ahí y que su abuelo apenas y aparentaba provenir de allá.
Todo esto da de qué hablar Eduardo Halfon en su libro Canción. Un libro que en no más de cien páginas, va justo sobre este escritor que es invitado a una conferencia en la Universidad de Tokio, pero que a la hora de cuestionar su identidad y proveniencia, nos lleva a la Guatemala de las dictaduras y la ocupación estadounidense en ese país, de la cual su familia es víctima directa como muchas lo fueron. Así que, ¿realmente Eduardo Halfon será ese lingote que el siglo XXI heredará a la posteridad? Eso el tiempo lo dirá, pero ya pudimos contemplar lo que un sólo fragmento de su obra nos puede brindar.
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