Nuevo Orden
Escrito por: Diego Alberto Carrillo
Atípica y quizá innecesaria serían las palabras con las que se podría calificar esta película. Son raras aquellas del tipo distópicas que logran salir a la luz y colocarse como referentes del género, o al menos hay todo un catálogo que espera ser descubierto pero que quizá carecen del suficiente impacto como para recordarlas con facilidad. Son aún más raras las producidas por el cine mexicano y que tienen el atrevimiento de encender las heridas que siguen y parece que seguirán sin sanar en un país brutalmente desolado como lo es México.
Digo que resulta innecesaria porque ya es bastante saber que ya se tiene la autorización presidencial para que el ejército circule por las calles del país con la finalidad de "reforzar" la seguridad frente a las excesivas olas de violencia que azotan el territorio mexicano diariamente. Y si se agrega un paréntesis a este punto, también podría agregar que más allá de sobreinterpretarse este largometraje como un deshonesto retrato de la variopinta sociedad mexicana y de la controversia por el asunto de lo "whitexican", es un producto que aprovechó el sensacionalismo a priori del género para venderse y ganarse premios de festivales importantes.
Insisto en que lo que menos se necesita en este país son que desde su propio contexto, se realicen películas que tienten a la suerte y pretandan decirse que es del tipo concientizante. Hasta las que se hacen con esa intención, el espíritu del discurso que versa escena tras escena es sumamente perceptible; de todas maneras, esas "concientizaciones" duran instantes. Al salir de la sala de cine hace un año tras ver Nuevo Orden -tuve que esperar ese tiempo para hablar sin incendios internos-, quería huir de lo que acababa de presenciar. Irónicamente, era un sentimiento absurdo puesto que, ¿huir a dónde, tratándose de vivir en México? Porque ojo, ni los "whitexicans" se salvan en esa "ficción".
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