The Office
Escrito por: Diego Alberto Carrillo
Encontrar y descubrir una gran serie puede llegar a ser el equivalente a cuando uno encuentra o descubre un gran libro. Claro está que la sobre-producción de este tipo de entretenimiento hace que se pierdan grandes obras, que se centre la atención en unas y se olviden otras tantas. Pero cuando se descubren y/o re-descubren cosas como The Office, es inevitable atravesar una de las mejores experiencias en este ámbito.
La comedia es la otra madre-padre de todos los géneros como lo es la tragedia, desde que el ser humano se postró frente a un auditorio para recrear historias; pensemos en los griegos en este caso. La comedia en términos generales nos ofrece un retrato de nuestra realidad bajo esquemas, escenas y personajes risibles, absurdos y demás sinónimos; pese a que "naturalemente" sepamos que esa realidad retratada no tiene nada de cómica. Por otro lado, la tragedia por sí misma no da más opciones para considerar nuestra realidad como dramática, frenética, pesimista, etc. Hasta pareciera que tenemos en mayor medida una tendencia a desenvolvernos como seres trágicos; tan sólo observemos el amplio catálogo a nuestra disposición de cine, series y literatura que comprende lo 'trágico'.
Sin embargo, la comedia no sólo se trata de ridiculiar o jactarse de circunstancias para vestirse de una fortaleza temporal frente a ellas. Tampoco tiene destellos que brotan para hacernos ver que por sí misma tiene autenticidad natural al igual que su hermana la tragedia. En el caso de The Office, pasa algo más y es que esos destellos se sostienen a lo largo de siete temporadas pese a que en las últimas dos ahí si nadie niega que sólo sucedieron chispazos.
¿En qué momento a alguien se le ocurrió filmar una serie dentro de una oficina en donde se trabaja en uno de los empleos aparentemente más aburridos del mundo? Pues a todos los involucrados en esta, habría que agradecerles que hayan participado en este proyecto. Aunque al inicio se nos muestran personajes incómodos, rutinarios y hasta ofensivos, con el pasar de los capítulos nos brindan la oportunidad de ver que "hasta en lo más rutinario, se puede encontrar un poco de belleza".
Carcajadas por montones, escenas icónicas y uno que otro momento emotivo ladrón de lágrimas, es lo que The Office tiene por ofrecer a una audiencia que, como en mi caso, la vio casi diez años después de que transmitió su último capítulo. Pocas historias logran esto y estoy seguro que envejecerá siempre única con el pasar de los años.
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