The Selfish Giant

 




Escrito por: Diego Alberto Carrillo


La historia que a continuación tendré el gusto de compartirles, llegó a mis manos bajo el lecho esencial y aleatorio en el que se han descubierto historias en este espacio. Se dice que tal cual no llegó a salas de cine en México, y es de creerse puesto que la única alternativa para ver cine no comercial acá es en la Cineteca Nacional y en mi ya muy querido streaming MUBI, del cual próximente ya les hablaré sobre lo que se ha visto ahí.






The Selfish Giant (2013) -película que vi bajo recursos "ilícitos", pero que hasta el formato le impregnó lo gris de la misma (y que pueden encontrar en Youtube o Apple TV)-, cuenta la historia de Arbor, un adolescente que vive en la zona pobre de Bradford, en West Yorkshire, Inglaterra. El escenario será contexto suficiente con el cual podremos adentrarnos en la inocente y trágica historia que en sus 91 minutos, la guionista y directora Clio Barnard, nos contará escena tras escena.

Decir que Arbor es el típico chico inglés de clase pobre que al carecer de la educación apta para sus necesidades y también de padres proveedores, no sólo de víveres básicos, sino de una estructura familiar básica, sería reducir a niveles sumamente superficiales al protagonista de este largometraje puesto que en él se puede ver algo más allá de este estereotipo o representación de individuos que viven esta misma realidad tanto en Inglaterra como en otros lugares del mundo.

Arbor, que además padece de ataques epilépticos y que por las mismas carencias económicas que en casa tiene, depende de que en su colegio le administren los medicamentos necesarios para tratar sus convulsiones, ciertamente es un chico problemático o "hiperactivo" (de esos que tratándose del Reino Unido, son del espíritu "hooligan"), que para nada le interesa permanecer en la escuela, pero es un "hombrecito" que tiene muy presente sus ambiciones para solventar responsabilidades que rebasan su edad.

¿Qué ambiciones puede tener un niño que apenas se está estrenando en la adolescencia? ¿Jugar futbol? ¿Jugar videojuegos con sus amigos? ¿Comenzar a coquetear con chicas de su edad?...¿No son esos también estereotipos o serán más bien, alternativas "sanas" para tener protegida a la juventud de crudas realidades? Pues bien, para Arbor sus ambiciones son muy sencillas: conseguir dinero fácil a través de recoletar chatarra en las calles y venderla en los centros de reciclaje o semejantes.




La historia se tuerce y se encamina hacia su tragedia cuando comienza a tener someros negocios con el dueño de uno de estos centros. Este individuo, proveniente de tradiciones gitanas, pese a tener presente los riesgos legales que implica contratar o semi-contratar a menores de edad, opta por abusar del ímpetu de Arbor para beneficiare ampliamente. Menciono el aspecto gitano, porque la película nos regala escenas donde se ve una tradición profundamente arraigada en el presente en la que personas provenientes de esos gremios, se reúnen clandestinamente a realizar carreras con caballos y carrozas, generando con esto un círculo de apuestas con el cual complementan la actividad lucrativa.

Como podrán deducir, Arbor se involucra en este círculo en compañía de su fiel y amable amigo Swifty, quien además de ser quien posee las habilidades necesarias para saber de caballos y cómo hacerles trotar, es el balance para Arbor en muchos parámetros de su vida.




Gris. No hay otro color para describir esta película. No es un gris absoluto y tampoco es un gris-nublado típico de las tierras inglesas. Conforme avanza la película, puede uno errar al creer que se trata de otra historia más que refleja las pésimas condiciones en las que vive la Inglaterra no privilegiada. La cuestión aquí es, que esta historia tiene un corazón que conecta con horizontes perdidos y difíciles de contemplar actualmente en el ser humano. Pero sobre todo, tiene un corazón que se conecta con el relato homónimo con el que al parecer, se basa esta película: El Gigante Egoísta, de Oscar Wilde.

Esta película representa por mucho, la mágica y eterna relación que tiene la literatura y el cine, cuando son magistralmente realizadas por separado o inspiradas una de la otra.






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