Dejen todo en mis manos, de Mario Levrero
Hay algo terriblemente culpable en el hecho mismo de ser uruguayo, y por lo tanto nos resulta imposible decir no clara, franca y definitivamente. Es peciso agregar un enorme palabrerío para justificar ese no, siempre y cuando lleguemos a pronunciarlo; más a menudo nos enredamos en transacciones complicadas, viciadas de irrealidad, que suelen conducir a desastres monumentales.
Es así que le ofrecen otro trabajo que consta de ir en un busca del escritor de una novela espléndida. Incluso a él le consta que es una gran obra al grado de que se olvida de la suya -"Mejor que García Márquez" llegaría a comentar el protagonista-, y se llena de exaltación al emprender dicha investigación pese a no tener un plan concreto para tener éxito en ella. Si tiene que ir en busca de este escritor anónimo, es porque el texto iba firmado por un tal Juan Perez y la única pista que tenían a su favor era el posible sitio de donde provenía: Penurias, un lugar colindante con las localidades de Miserias y Desgracias.
Tan sólo de quién irá tras su búsqueda y el sitio a donde irá a investigar es el claro reflejo de lo que comentaba del tono cómico y holgado de la novela. ¿Por qué no dejar impregnado el estilo de alguien que también a lo largo de su vida fue humorista y guionista de cómics? Sin embargo, no se dejen llevar por las impresiones que estoy manifestando. Ciertamente, su conclusión en lo personal no fue de mi total agrado; no todo lo tiene que ser. Pero lo que Dejen todo en mis manos tiene por ofrecer, es lo que en palabras de quien me hizo llegar esta lectura, me dijo: "si algún día quieres ser escritor, lee a Levrero".
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