Dejen todo en mis manos, de Mario Levrero







Escrito por: Diego Alberto Carrillo



¿Cuándo fue la última vez que leyeron un relato que les robara más de un par carcajadas? Quizá decir "carcajadas" es un tanto exagerado, pero decir "robar sonrisas" puede resultar cursi o empalagoso. Entonces, el término medio entre estos dos polos podría ser en lo que no más de ciento veinte páginas de esta novela corta del escritor uruguayo, se puede uno encontrar. Aunque cabe aclarar que este relato no es estrictamente cómico.

Este texto parece que tiene la particularidad de haber nacido por mero ejercicio o entretenimiento. Una tarde o noche la historia no se le salió de la cabeza. Se sentó a escribirla. La revisó prudentemente un par de ocasiones y listo: "Mira, lo que salió. Veré si me lo publican". Escarbando, podemos encontrar que Dejen todo en mis manos (1994) fue una de sus últimas novelas publicadas. Así que está de más decir que este libro es fruto de un Levrero ya experimentado como escritor. Simplificar esta obra al ejemplo de qué pudo pasar a la hora de su realización, sería una falta de respeto a su oficio. Pero me valgo del mismo para intentar mostrar la ligereza de la narrativa en tanto cómo fluyen y conviven todos sus elementos.

La trama va sobre un escritor esperanzado a que le publiquen su más reciente novela, que acude a la editorial con quien ya ha colaboado anteriormente. No le dan un no rotundo porque:

Hay algo terriblemente culpable en el hecho mismo de ser uruguayo, y por lo tanto nos resulta imposible decir no clara, franca y definitivamente. Es peciso agregar un enorme palabrerío para justificar ese no, siempre y cuando lleguemos a pronunciarlo; más a menudo nos enredamos en transacciones complicadas, viciadas de irrealidad, que suelen conducir a desastres monumentales.


Es así que le ofrecen otro trabajo que consta de ir en un busca del escritor de una novela espléndida.
Incluso a él le consta que es una gran obra al grado de que se olvida de la suya -"Mejor que García Márquez" llegaría a comentar el protagonista-, y se llena de exaltación al emprender dicha investigación pese a no tener un plan concreto para tener éxito en ella. Si tiene que ir en busca de este escritor anónimo, es porque el texto iba firmado por un tal Juan Perez y la única pista que tenían a su favor era el posible sitio de donde provenía: Penurias, un lugar colindante con las localidades de Miserias y Desgracias.

Tan sólo de quién irá tras su búsqueda y el sitio a donde irá a investigar es el claro reflejo de lo que comentaba del tono cómico y holgado de la novela. ¿Por qué no dejar impregnado el estilo de alguien que también a lo largo de su vida fue humorista y guionista de cómics? Sin embargo, no se dejen llevar por las impresiones que estoy manifestando. Ciertamente, su conclusión en lo personal no fue de mi total agrado; no todo lo tiene que ser. Pero lo que Dejen todo en mis manos tiene por ofrecer, es lo que en palabras de quien me hizo llegar esta lectura, me dijo: "si algún día quieres ser escritor, lee a Levrero".




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