Dzhan, de Andréi Platónov




Escrito por: Diego Alberto Carrillo


 

La tierra yelma del desierto el camello, hasta la mísera hierba vagabunda, todo tenía que ser grande, serio y triunfante: en el interior de los seres pobres existe el sentimiento de su otro destino, feliz, indispensable y acuciante, ¿por qué si no sufren tanto y esperan algo?


En esta ocasión me place presentarles y valga la formalidad, a un exepcional hallazgo que curiosamente de lo que trata coincide con nuestro incierto y descabellado presente. La verdad es que tanto el relato en sí, su historia en cuanto a su publicación y sus constantes reediciones, y la propia historia del autor son bastante intrigantes y cuesta elegir entre una de las tres para poder ser abordadas.

Menciono el enlace de este libro con nuestro presente por dos cosas: habla sobre la URSS, un estado que a la fecha está de sobra decir que le conocemos como Rusia y también está de más decir lo que está haciendo con Ucrania y sus propios habitantes, pero también porque su respectiva publicación y su trayecto editorial ha sufrido un casi exagerado manoseo en sus ediciones, ya que por asuntos de censura el texto tuvo finales alternativos, cambios en algunos fragmentos y hasta supresión de capítulos enteros. Hoy en día no podemos negar niveles de censura peores que lo que este libro sufrió durante desde su publicación en 1935. El logro y la valía que la editorial Fulgencio Pimentel con Dzhan de Andréi Platónov hace por recuperar el texto original, traducirlo y publicarlo por primera vez en español en 2018, no tiene palabras.

En 1919, Platónov comienza su profesión como escritor realizando poemas, cuentos y artículos periodísticos. Profesión que complementa a la par con sus estudios de ingeniería para así involucrarse en proyectos relacionados con la corriente eléctrica, llegando incluso a registrar algunas patentes sobre ello. Sin embargo, pese a su creciente éxito al publicar libros como Las esclusas de Epifán, Chevengur, Las dudas de Makar y La excavación, de las cuales estas dos últimas obras llegan a manos del mismísimo Stalin provocando que este le calificara como "imbecil", "canalla" o "agente de nuestros enemigos".

Esto inmediatamente motivó a Andréi a retractarse y a condenar sus obras, para así no ser desterrado del círculo literario y civil al que acababa de ingresar. Por desgracia no lo consigue y es hasta el año de 1935 en que hace un viaje a Turkmenistán en donde escribe Dzhan, obra con la que espera regresar al grupo selecto de la literatura soviética.

El libro que en esta ocasión comento, es una historia que trata sobre un individuo de nombre Nazar Chagatáyev que para afianzar una beneficiosa pero no tan jerárgica posición en el Partido, recibe la encomienda de ir tras su pueblo nómada del cual únicamente sabe que se encuentra de aquella región desértica que colinda con la frontera de Afganistán, para hacerles llegar la felicidad que sólo el socialismo y la Unión Soviética pueden proporcionar. Y aquí es cuando se pone interesante el asunto porque pese a que este libro se escribió con intenciones de agradar a Stalin y al gremio soviético, la pluma de Platónov es tal que logra romper este umbral permitiéndole caminar en el horizonte junto con los grandes de la literatura rusa y la literatura universal:


¿Pero qué sueño alimentaría la conciencia de este pueblo caminante, si podía soportar su destino? Con la verdad no podía vivir, se habría muerto de tristeza si supiera la verdad sobre sí mismo. Pero la gente vive porque ha nacido, y no gracias a la inteligencia y a la verdad; y el corazón, mientras late, produce y dispersa la desesperación de los hombres y se destruye a sí mismo, perdiendo su sustancia en la espera y en el trabajo.


Dzhan de Andréi Platónov, un hombre que dejó ocho volúmenes de escritos como legado y que aún esperan por ser redescubiertos, es una joya del desierto que a su vez logra transportar a ese desierto de donde proviene, no para envolvernos y atiborrarnos de propaganda soviética, sino para adentrarnos en ese terreno en donde el alma o espíritu humano reside pese a las extremas carencias y desgracias que el cuerpo puede llegar a padecer.




Andréi Platónov


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