La cabeza de mi padre, de Alma Delia Murillo
Así que vine a La Mira porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Porfirio Murillo.
Quería evitar el referente pero no tiene caso, me atrevo a decir que en este país todos somos hijos de Pedro Páramo.
Han transcurrido meses desde la última publicación y más allá de sólo haber tomado un descanso para recalibrar asuntos fuera de este espacio, el futuro de este proyecto, la preparación del nuevo material a publicar y lo que está por integrarse al mismo, es paradójico que la pulsión que dio inicio este espacio este siendo sumamente abrumadora como para irrumpir toda planeación y me haga sentarme a escribir sobre algo que debo admitir que me movió y hasta incomodó inesperadamente.
El material a preparar está en proceso y llegará en su debido momento (videos, podcast y demás), pero esta cuestión básica de escribir sobre lo recién leído o visto reitero que es más poderosa; se necesita plasmar. Y ateniendome a un precepto que en su momento escuché, me sirvió en su momento y sé que seguirá siendo útil ("Keep it simple..."), es como en esta ocasión les hablaré de un libro sensiblemente valiente: La cabeza de mi padre de la escritora mexicana Alma Delia Murillo.
Era más fácil asumir que el destino había sido maldito dejándonos sin padre a revelar que el maldito era mi padre que nos abandonaba. Calma. Que no es así, no tan simple. Pero cómo negar que en este país, casi la mitad de los hogares viven sin el papá que un día fue por cigarros y no volvió. Millones de mexicanos y mexicanas crecimos así.
En términos generales esta es la historia de una mujer mexicana que al sentir profundamente las consecuencias del abandono de su padre en su infancia, decide ir en su búsqueda aún sin tener datos concretos de si sigue vivo o no. Ahora, decir que el libro se trata sólo de esto, sería minimizarlo inmerecidamente. Esta novela es de características completamente autobiográficas. La autora es su misma protagonista y los "personajes secundarios" son claramente sus familiares más cercanos; su mamá y hermanos.
En el transcurso de cada página podemos encontrar un considerable esfuerzo por diluir su vida en una prosa que retoma lecturas literarias importantes desde Paul Auster hasta Shakespeare; autor crucial que sirve de columna vertebral para inspirarse a relatar la historia, y para beber y conversar con esa fuente eterna que es. No se necesita poseer un bagaje lector fuerte para percibir que el autor inglés no sólo ya dijo lo que se tenía que decir sobre la vida humana y mucho menos se requiere tal bagaje para sentir que tanto la vida de Alma como la de cualquiera de nosotros tiene esa sustancia trágica shakesperiana.
Las familias pueden callar por siglos y convertir en rupturas, ausencias, depresiones, trastornos de ansiedad, artritis degenerativas, obesidades mórbidas o guerras mundiales el pacto de silencio sobre el que dos apellidos firman y se unen "hasta que la muerte los separe". (...) Todas las familias tenemos un pilar en el silencio. Por eso Shakespeare sigue siendo universal.
Lo sé, demasiado Shakespeare. No puedo evitarlo.
Lo que sí tengo que resaltar, remarcar y quizás hasta agradecer es la valentía con la que se abrió esta escritora para relatar cada resquicio de su espíritu. No es una confesión lo que se leería en este libro. Tampoco es esa típica autobiografía en donde se busca proporcionar una imagen inspiradora para otros en un afán de superación personal. Pero sin duda es un testimonio que ha logrado salir a la luz y florecer con pétalos preciosos. El final puede ser conmovedor para quien decida entregarse sin prejuicios a un libro que se escribió con sangre y corazón en la pluma.
Aquellos aspectos que lograron incomodar mi lectura los reservo porque rozan en lo personal. Sin embargo, sí puedo compartir que sin reparos puedo sumarme al mar de generaciones que serán y han sido hijos de Pedro Páramo.
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| Alma Delia Murillo |
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