Ma vie de Courgette: un calabacín excepcional
Escrito por: Diego Alberto Carrillo
Cuando se habla de animación, inmediatamente viene a nuestras mentes la supremacía que Disney y Pixar han tenido durante ya algunas décadas; al menos en términos comerciales pese a agradecer algunas excelentes producciones de su parte. También podría saltar a nuestras cabezas el auge y presencia que la animación japonesa, mejor conocida como Anime, ha tenido desde hace tiempo y ahora la tiene más que nunca. Sin embargo, si uno se da la oportunidad de buscar más allá de estos gigantes y de dejarse maravillar por joyas excepcionales, se puede encontrar la historia de Ícaro en La vida de Calabacín.
Ícaro es un niño de apenas nueve años que vive con su madre alcohólica y que tras un desafortunado accidente, es trasladado a un orfanato. A él no le gusta que le llamen por su "verdadero" nombre y exige tierna e inocentemente que le llamen 'Calabacín' (Courgette en francés) porque así es como su madre le llama. Como habrán notado, para nada el argumento "base" es algo que en una animación convencional y de índole comercial se atreverían a representar. Incluso en el inicio del mediometraje -porque justo apenas dura una hora y minutos-, pese a que muestra el estilo visual de la técnica de stop motion que vamos a disfrutar, no tarda en hacernos ver que lo que veremos a continuación es un drama.
Evitaré ser preciso con la situación que en el inicio acontece y que hace que a Calabacín le lleven a un orfanato, para que así puedan acercarse a ver esto sin estar contaminados y que pueden encontrarlo en las plataformas de streaming MUBI. Pero justo esta situación, al no saber qué esperar de la historia, es la que comenzó a provocar expectativas de que la animación se encaminaría hacia otra serie de secuencias igual de densas y delicadas.
Por fortuna, la película logra un equilibrio entre lo estrictamente adulto junto con su explicitud, así como con lo dulce, tierno y sensible sin que se torne en algo cursi y/o musical. Las lagrimitas que al final pueden robar no son para nada inmerecidas. Haría falta que a alguien lo suficientemente insensible no le provoque nada de lo que sucede escena tras escena.
Esta historia a su vez está conformada por una serie de personajes que le brindan sus colores a la animación pese a que sus origenes son de un tono más gris oscuro, como lo son Simón, un niño mucho mayor que Calabacín sin ser todavía un puberto o adolescente que es el rudo del lugar y que saber el historial de cada uno de los del orfanato le brinda un status de superioridad por sobre del resto. O está Ahmed, el niño que cada noche se hace pipí en la cama y que está en el orfanato porque su padre al querer conseguir dinero para solventar gastos, lleva a cabo un asalto y ahora se encuentra en la cárcel. Y cómo dejar de lado a Camille la co-protagonista, una niña que al fallecer sus padres por una situación igual de trágica, su estancia es indefinida entre el orfanato y su tía que en vez de cuidarla y procurarla, le trata de un modo completamente violento.
Si nos ponemos a reflexionar sobre lo que la película plantea, evidentemente caeríamos en el debate sobre los niños huérfanos en sí, el exceso que hay de ellos y de los orfanatos que no dan cabida a cada uno de ellos y mucho menos el cuidado que merecen todos, el que sean hijos del sistema en vez de una familia, la dificultad de adopción tanto por lo burocrático como porque irónicamente no todos son niños deseados para ser parte de un hogar -y justo hay un personaje que se encargará de enfatizar y recordarnos este hecho-, y un largo etcétera. Así que si creía y creen que verán únicamente una película con una animación agradable y colorida, sería un completo error. Ma vie de Courgette es un claro ejemplo de que en la animación existen cosas incríebles y que no sólo en Hollywood y estudios cercanos son producidas.




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