Tal vez Esther, de Katja Petrowskaja

 






Escrito por: Diego Alberto Carrillo



Al principio pensaba que un árbol genealógico era como uno de Navidad, un árbol con adornos sacados de cajas viejas. Algunas bolas se rompen, frágiles como son, algunos ángeles son feos y robustos y sobreviven a todas las mudanzas. Como sea, el de Navidad era el único árbol familiar, cada año se compraba uno nuevo y después se tiraba, un día antes de mi cumpleaños.



La historia que les platicaré a continuación tiene diversas aristas de las cuales podría ser abordada y en gran medida requeriría más de una lectura para profundizar en lo que tiene que ofrecer. Sin embargo, ya va más de un año que me acerqué a este libro y con el pasar del tiempo ha sobrevivido lo primero de valor que tiene por contarnos. Y si decidí ahora escribir sobre Tal vez Esther, la primer novela de la autora ucraniana Katja Petrowskaja, es porque reciéntemente volví a ver una película que comparte puntos en común con esta historia, y es por eso que decidí presentarlas en conjunto (pero en artículos separados).

Este libro obedece en gran medida a lo que en términos de género obedece al de autobiográfico o hasta de crónica por el motivo que persigue para desarrollarse. Dicho motivo es que la autora en modo de novela (y por eso hace que sea una como tal) reconstruirá su árbol genealógico y buscará de dónde proviene su apellido, así como quiénes fueron sus antepasados para así ahondar en la historia de cada uno de ellos, intentando a la par develar la identidad de su bisabuela que tal vez se llamaba Esther.


Hubo un revolucionario que se unió a los bolcheviques y en la clandestinidad cambió su nombrem el que ahora nosotros tenemos desde hace cien años, de modo completamente legal.

 

La obra conforme se desarrolla, podremos notar como no obedece ningún órden cronológico ni ningún estilo en específico. Eso no quiere decir que está repleto de caos y escrito con los pies. Me refiero a que la narración de la autora es conforme va descubriendo algunas pistas y referencias que le van mostrando el camino hacia un nuevo antepasado, y si llegase a detenerse en algo es en aspectos de la personalidad de su antiguo familiar que en momentos parece que ella heredó o también llega a detenerse en el contexto en el cual estuvieron sumergidos cada uno de los que escribe: trabajadores de una fábrica de zapatos, un físico que dirigía una fábrica de turbinas experimental, un héroe de guerra, maestros que fundaron orfanatos en Europa...

Con su ritmo pausado y su temple frío porque casi todo ocurre en Kiev, Mauthausen, Varsovia, Auschwitz y otros, es como nos vamos adentrando en el imaginario genealógico de la autora descubriendo por increíble que parezca, personajes que fueron totalmente reales y no ficiticios. Construyendo así no sólo la historia de la novela, sino la propia historia de la autora por medio de su pasado predecesor a su nacimiento. Un pasado que recupera y revive para ser escrito en un idioma que no es el suyo de orígen, sino en aquel de los que alguna vez les aprisionaron y dominaron para no hacerles olvidar: el alemán.


Katja Petrowskaja


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