'Resérvame el vals' de Z. F.
Escrito por: Diego Alberto Carrillo
"...para cuando las hijas de Beggs aprendieron a afrontar
las cambiantes exigencias de su época,
ya tenían el diablo al cuello."
Este año, en cuanto a lecturas, ha sido abruptamente suspendido, accidentado...apenas un recuerdo como suele suceder en ciertos momentos de un capítulo en una novela o cuento. Sin embargo, de lo poco que he tenido oportunidad de leer y sostener en mis manos, es esta historia escrita por una mujer que lleva el mismo apellido, y no por tener un parentesco consanguíneo, de alguien que fue un faro no menor y sin duda vital en la literatura universal y que desafortunadamente se vio opacada por este.
Dentro de las rarezas que puede encontrarse en una librería, está el hecho de atreverse a adentrarse en algo fuera de la tendencia comercial establecida por las transnacionales editoriales. Sólo así se tiene la oportunidad tanto de conocer una nueva editorial con una edición que no deja nada qué desear, como coordenadas en el mapa histórico de la literatura.
Zelda Fitzgerald -nombre que de entrada me parece fascinante-, es esposa de F. Scott Fitzgerald, escritor conocido principalmente por su libro más famoso El Gran Gatsby. En un inicio, uno puede pensar que es una cuestión de obviedad el hecho de verse motivado a lograr algo de importancia al igual que su pareja y más en la época donde día y noche florecían letras. La cosa es que, la verdadera motivación por la cual este libro fue escrito es por prescripción del psiquiatra en turno de Zelda. Y pese a que no es una lastimosa y tediosa novela autobiográfica como las que se publican hoy en día, ciertamente se puede percibir en cada página lo que necesitaba ser escrito.
En esta historia nos encontramos con Alabama que está recién casada con David que ha apostado vivir de su arte en aras de tener un estilo de vida bohemia. Su familia al proveenir de costumbres sumamente cerradas y tradicionales, no ve para nada bien este matrimonio y, por ende, lo apoyan precariamente. Por otro lado, evidenciando la ligereza e insensatez que la juventud puede conllevar, podemos ver el reflejo puro de cómo era importante vivir en el momento de la mano del lujo, aunque en los días posteriores se tuviese pedir prestado a la familia.
"Alabama sentía lástima de David. Pensaba que él y ella eran como dos individuos en un invierno adverso rebuscando entre viejas prendas de vestir restos de un tiempo de opulencia."
En la segunda parte del libro -que para mi gusto es la mejor lograda-, vemos cómo ya en un choque y una frustración inevitable gracias al tipo de vida mencionado en el párrafo anterior, la protagonista encuentra refugio en la danza y específicamente en el ballet. Toda la reconstrucción de ese mundo, incluyendo los términos en francés empleados para referirse a lo técnico, es sencillamente magnífico. Probablemente existan otras obras donde retraten esto -y por alguna razón no dejo de pensar en que algunos rusos ya lo escribieron-, pero de momento si pensase en una referencia literaria para este arte, pensaría en lo que escribió Zelda.
Estéticamente hablando, lo que aprende la Alabama del ballet y la necesidad de tener en sí y de acudir a estas lecciones, es el clímax de la novela. Es aquí donde uno puede darse cuenta de lo que sugirió el psiquiatra que escribiera Zelda en tan sólo cuatro semanas -único libro publicado de ella, por cierto-, ¿y cómo no iba a haber una necesidad terapéutica de plasmar el impacto de lo que fue tener un esposo como lo fue F. S. Fitzgerald y que irónicamente la catársis fuera de manera escrita?
"La mayoría de las chicas eran feas y algunas estaban ya entradas en años. Sus rostros eran vacuos y estaban tan estirados por el cansancio que se habrían desintegrado, a no ser por los músculos fibrosos que habían desarrollado tras muchos años de respiración forzada."
Que si es una joya de la literatura o algo que deslumbre, temo que decir que no. Pero la cadencia y la dedicación con la que fue escrito este libro, pese a la motivación inicial y el contexto del cual se inspira, es más que suficiente para deleitarse por una escritora que vivió y respiró cada momento que impregnó en esa historia.
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| Zelda Fitzgerald (1900-1948) |


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