The Drop: una dupla irrepetible




Escrito por: Diego Alberto Carrillo




"Hay pecados que cometes
de los que no puedes recuperarte
sin importar cuánto lo intentes.
Simplemente no puedes.
Es como si el Diablo esperara
a que tu cuerpo se rindiera.
Porque sabe que...él sabe que...
tu alma ya le pertenece.
Y entonces pienso
que quizá no exista el Diablo.
Mueres, y Dios dice:
No. No, no puedes entrar.
Tienes que irte ahora.
Tienes que irte lejos
y tienes que estar solo.
Tienes que estar solo para siempre."




Quien diga que es fácil escribir sobre una película, no le creería. Aún cuando se tratase de una película considerablemente sencilla como lo es The Drop (2014) o "La entrega", que si realmente se presta atención, ofrece diversas capas para ser abordada sin considerarla pretenciosa, pero tampoco mero entretenimiento criminal barato. Son ya casi cinco años en los que he descubierto que hacer esto no se trata solamente de decir de qué trata o agotarla abruptamente diciendo si es buena o no. Enfrentarse a la página en blanco no es fácil, menos cuando no sabes qué resultará de ello. 

La primer capa que ofrecería esta película, sería la obvia: su historia -y de ahí parte el resto-. En la escena inicial tenemos un monólogo de lo que será nuestro protagonista, diciéndonos que hay lugares obvios para nosotros y que esconden a simple vista un movimiento que creemos sólo le pertenece a los bancos. Ese movimiento se refiere a cómo el dinero se mueve de un lugar a otro, como lo hace de mil maneras, a la hora de tratarse de su lavado. Y en concreto, la película nos señala que uno de esos lugares donde transita ese dinero que no necesitamos saber a quién le pertenece pese a saberlo de facto, son los bares comunes y corrientes. Bares que sencillamente fueron "arrendados" y puestos en funcionamiento para un nuevo fin específico.

La segunda capa versa sobre lo que circunda este bar protagonista (porque aún cuando un escenario le pertenezca al rubro de la puesta en escena, bien puede ser protagonista de la historia), empezando por su par de empleados, aquellos que acuden a él con frecuencia y sus dueños; los verdaderos dueños. La tercera capa se desenvuelve a partir de los factores externos al bar, que si bien pertenecen al mismo vecindario, no existe una conexión directa que justifique el vínculo entre ambas capas hasta que aparece un perro en un bote de basura. Sí, así como lo leen: un perro en un bote de basura.

¿A qué les recuerda? Ni yo lo esperaba. Claramente a John Wick. ¿Y qué creen? La primer película de ese adorado personaje se estrenó en el mismo año que The Drop. ¿Coincidencia? Probablemente, pero sin duda es una cuarta capa que profundiza y tiene un valor narrativo equiparable al del Sr. Wick, porque el protagonista al encontrarse con él, se vuelve a encontrar con su humanidad y nunca deja de ser prioridad. Es el ancla que le brindará redención aún cuando esté a punto de involucrarse nuevamente en una situación de la cual sólo tendrá una oportunidad para ejecutarla a la perfección.

Y por último, porque sino esto se volvería casi infinito y ninguna película es inagotable, la quinta capa que dejo a propósito en este nivel son los personajes de la película. Interpretados por una dupla quizá en su momento descabellada o poco prometedora, pero que a la hora de verles ejecutar a Tom Hardy y James Gandolfini sus respectivos papeles, son simplemente una delicia. Siempre me fascina cómo esos rostros conocidos y hasta amistosos para uno, se desvanecen cuadro por cuadro y se transforman en los personajes de la historia. Estos dos, pese a vestir gestos que ya tienen perfectamente trabajados, hacen de esta película una dupla irrepetible que vale totalmente la pena ver.




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